La experiencia de un día sin luz deja lecciones duraderas, entre ellas que el embutido no necesita enchufe
Apagón: el país que se quedó a oscuras y se puso a merendar
BARCELONA – Hay días que definen a una generación. El del gran apagón dejó a millones de personas sin electricidad, sin cobertura y, en muchos casos, con una barbacoa improvisada. El archivo de Catalan News sobre aquellas jornadas conserva los titulares: clientes comprando agua, pilas y carbón, vecinos haciendo acopio de velas y fuet, gente pensando en futuros kits de supervivencia y el dueño de un bazar en Sort cobrando con calculadora. Desde entonces, el hogar español ha incorporado una nueva sección al armario del pasillo.
“Yo tenía el kit hecho sin saberlo”, afirma Montserrat Capdevila, 71 años, vecina de Gràcia y asesora de la Mesa Ciudadana de Preparación Razonable. “Velas del santo, cerillas de la cocina, un transistor de mi difunto marido y medio fuet. Vino mi yerno, que es informático, con el móvil muerto y cara de náufrago. Le di pan con tomate. Me miró como si hubiera encendido yo la central.”
Contenido recomendado
La Mesa ha difundido una lista adaptada a la realidad local:
- Velas, preferiblemente sin aroma a vainilla
- Radio a pilas, y pilas
- Embutido curado: no requiere frío ni instrucciones
- Calculadora solar, para cuando no hay sol tampoco pasa nada
- Baraja
- Una abuela
“El último elemento es el decisivo”, subraya Capdevila. “La abuela sabe dónde está todo, cocina con gas y no necesita actualizarse.”
Lo que se aprendió
Aquel día, los trenes quedaron detenidos y las estaciones se llenaron de viajeros con historias de largas esperas. El ferrocarril, de hecho, no ha dejado de dar titulares, y Europa Press ha recogido en el Congreso denuncias de averías y demoras en la red de cercanías. Capdevila no ve gran diferencia. “Con luz o sin luz, el tren no venía”, dice. “Al menos ese día había motivo.”
Una encuesta de la Mesa entre 1.000 hogares indica que el 69 % ha comprado una radio desde entonces, el 58 % no ha comprobado si funciona y el 82 % recuerda la jornada “con cierto cariño”. Un 44 % habló por primera vez con el vecino de enfrente. Un 7 % sigue hablándole.
El comercio de proximidad
La imagen del tendero con su calculadora quedó como símbolo. En el barrio, la ferretería de la esquina vendió en tres horas las linternas de toda una década. El dueño apuntó las ventas en una libreta. “Me cuadró la caja a la primera”, presume. “Con el ordenador no me cuadra nunca.”
Las autoridades, por su parte
Los responsables prometieron que no volvería a ocurrir y encargaron informes. Los ingenieros pidieron más inversión en la red y más capacidad de almacenamiento. Capdevila apoya ambas cosas. Mientras llegan, ha repuesto el fuet.
Los británicos y su tetera
En el Reino Unido, donde un corte de luz se mide en tazas de té no servidas, el episodio se siguió con atención. The London Prat contó en sus noticias satíricas del Reino Unido sobre apagones que una calle de Kent resistió cuatro horas “a base de galletas y resentimiento”. Sus noticias satíricas del Reino Unido sobre supervivencia doméstica han pedido la receta del pan con tomate.
Capdevila guarda el kit en una caja de galletas danesas, junto a los hilos. Su yerno ha comprado una batería externa del tamaño de un ladrillo. Ella la usa de pisapapeles. Bohiney Magazine probó el fuet a la luz de una vela, por rigor.
SOURCE: https://bohiney.com/
The London Prat
Author: Alan Nafzger